El desafío de encarnar la filosofía del Dr. Bach en la vida diaria

Ps. Marcela Rioseco Murden

marcelariosecom@gmail.com

              Si como terapeutas forales nos posicionamos en nuestra vida diaria desde la propuesta evolutiva de Edward Bach, hemos de ser ineludiblemente buscadores espirituales: seres humanos en búsqueda constante de crecimiento y desarrollo interior, apasionados con escuchar los dictados de nuestra alma para descubrir nuestro propósito y a través de la expresión de nuestros dones, servir al mundo de una forma tan plena y satisfactoria, que nos sintamos realizados, sanos y felices.

Así, viviendo conectados con nuestra voz interior y dejándonos guiar por Ella de manera constante, honesta y consecuente en nuestra experiencia cotidiana, nuestra sola presencia como terapeutas florales puede ser tan coherente que logre transmitir por sí misma esperanza, alegría y consuelo a quienes sufren, ya que podrán ver en nosotros el reflejo de quienes han recorrido el camino de conocerse a sí mismos, entregándoles la confianza necesaria para dejarse acompañar y sostener por el amor que irradiamos desde nuestra propia sanación y evolución espiritual.

Sin embargo, sabemos que el proceso del terapeuta floral es más complejo y está lleno de dificultades, quiebres y desafíos propios del sendero del autoconocimiento de todo ser humano, en el cual hemos de indagar en primer lugar en la profundidad de la Sombra, es decir en aquello de lo cual no estamos conscientes: lo oculto y escondido en nuestro inconsciente. Como decía el mismo Carl Jung, “el despertar de la conciencia no se consigue viendo luces de colores, sino entrando en lo más hondo y sombrío de nuestra psique”. Y para transformarla hemos de darle luz, lo cual significa hacerla consciente, mirarla, aceptarla hasta hacernos amigos de ella y su potencial de sabiduría.

¿Pero qué es realmente la Sombra?

Son aquellos aspectos de nuestra biografía que, aunque creamos en nuestra mente que los tenemos resueltos, se nos repiten una y otra vez, de una manera tan incómoda e insistente, que pareciera querer indicarnos sin más opciones, el camino hacia adentro que hemos de recorrer para verdaderamente liberarnos de todo aquello que no nos permite Ser Nosotros Mismos…

La propuesta de Bach es revolucionaria, porque nos interpela a buscar en lo más profundo de nuestro corazón quienes somos, qué vinimos a hacer a este mundo, cuáles son nuestros sueños, nuestros doces y talentos, cuál es el sentido de nuestra vida, qué nos limita, qué nos restringe, qué nos somete y nos impide expresar todo nuestro potencial para alcanzar la felicidad y la salud que tanto anhelamos y que es nuestro derecho como hijos de la Creación. Bach nos confronta a preguntarnos: ¿cuáles son esas emociones, errores y defectos? Y a reconocer las interferencias externas (e internas) que retienen nuestra evolución, siendo esclavos de miedos y limitaciones.

Para hacer este camino del despertar de la humanidad, Bach nos legó una filosofía tan profunda y sencilla con un sistema de treinta y ocho esencias florales, donde más allá de las clasificaciones (tipologías, ayudantes, diecinueve segundos remedios y grupos emocionales), nos entregó un mapa de navegación de nuestra psique y de las diversas formas de nuestra sombra, que ni siquiera es “nuestra”, sino que es el cúmulo de las cargas emocionales, patrones, creencias y programas limitantes que hemos aprendido y heredado de nuestros ancestros y de los miles de años de la especie humana: culpa, vergüenza, miedos, apegos, inseguridades, traumas, tristeza, dolor, angustias, ansiedad, impaciencia, soledad, vació, desaliento, sinsentido, amargura y mucho más. 

Así, Bach nos invita a recorrer un viaje por las profundidades de nuestra psique, de la mano del poder curativo las flores y sus fuerzas restauradoras, como quien se adentra a un frondoso bosque lleno de vida y tesoros que hemos de descubrir, pero que en cada paso que damos para poder avanzar hacia su centro (donde en el medio, en un claro entre los árboles se encuentra la gema de nuestra Alma) hemos de ir despejando los obstáculos y cortando la maleza que no nos permite avanzar. Por ello, si somos capaces de ver cada emoción que experimentamos como una oportunidad de despertar la cualidad opuesta, sabemos que sea cual sea el dolor, sufrimiento, trauma o pensamientos limitantes, sólo estaremos tocando aquello que necesita ser liberado y curado, no sólo dentro de nosotros mismos de manera individual, sino que también en nuestros linajes y en la humanidad toda a la que pertenécenos, que llevamos dentro de cada uno de nosotros.

Las flores son cualidades divinas de la naturaleza encarnadas en sus geometrías, que según decía el Dr. Bach al tomar las esencias, estas virtudes espirituales se derraman desde el Yo Superior al Yo Inferior, restaurando la Unidad esencial hasta descubrir el propósito del Alma.

Siendo así, hay algunas preguntas que todo terapeuta floral podemos hacernos sobre nuestro proceso de autosanación y conocimiento de sí mismo con el sendero de las flores:

¿He despertado las virtudes de mi Alma y vivo de acuerdo a ellas? ¿He aprendido las lecciones universales de los Doce Curadores de Bach? ¿Cuánto he desarrollado el Amor de Chicory en mi corazón, en la relación conmigo mismo y los demás? ¿Cuánto practico la Paciencia de Impatiens cada día en mis relaciones? ¿De qué manera la Fe de Gentian me sostiene en medio de las dificultades? ¿Vivo desde el Coraje de Rock Rose y la Valentía de Mimulus para Ser Yo mismo? ¿He desarrollado la Fuerza de Centaury para poner límites a aquello que me limita? ¿Siento la Paz de Agrimony en mi Alma? ¿Escucho mi intuición y confío en mi Sabiduría con Cerato? ¿He tomado las decisiones para seguir evolucionando con Scleranthus? ¿He materializado con Clematis los sueños de mi Alma? ¿Vivo con la Alegría de Water Violet en mi corazón? ¿He despertado la Tolerancia de Vervain en mis relaciones? ¿Cómo aplico la propuesta filosófica de Bach, al encarar un síntoma o una enfermedad que estoy atravesando? ¿Cuán saludable y feliz me siento en mi vida? ¿Vivo en coherencia con los dictados de mi Alma? ¿Me he liberado de las interferencias que me impedían ser yo mismo? ¿Vivo realizando el propósito de mi Alma de servir a otros con mis dones?

Como terapeutas florales tenemos un bello desafío y una gran responsabilidad:

Ir cada vez más adentro en nuestro mundo interior para sanarnos y descubrir quiénes somos; y desde ese lugar ponernos al servicio del mundo expandiendo con más fuerza la curación por las Flores como el camino de evolución y despertar espiritual que Bach nos propone…

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  • Marcela Rioseco, es Psícóloga, especialista en Terapia floral hace 25 años, autora del Método Alquimia Mandalas de las Flores de Bach, los Doce Curadores, expositora de Congresos Internacionales de Terapia Floral, México 2012-2019 y España, Sedibac 2017-2021-2023. Autora de libros publicados en Chile, España e Italia. 
  • Aquí tienes una muestra de su trabajo con mandalas – 

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